Por las calles y bares de París con el nuevo pasaporte sanitario: mozos incómodos y dueños enojados

El pasaporte sanitario ampliado, en marcha en París. Se pide en bares, hospitales, restaurantes, cines, trenes, aviones internacionales. La vida cotidiana de los franceses y su libertad de movimientos quedó determinada por una aplicación digital “Tous antiCovid” o una copia en papel, que habilita los desplazamientos. Solo el Metro está excluido de los controles.

El que no tenga el pasaporte, debe hacerse el test, el cual ya no paga la seguridad social sino cada uno. Tampoco se reintegra.

El pasaporte debe incluir un esquema de vacunas completo, con las dos dosis, o si la persona se ha reestablecido de la enfermedad, un certificado de test positivo de menos de 11 días o de menos de seis meses, o un test negativo de menos de 72 horas.

Un cartel avisa: "Ayúdenos a luchar contra la pandemia" en París. Foto: Noel Smart

Un cartel avisa: “Ayúdenos a luchar contra la pandemia” en París. Foto: Noel Smart

A pesar de la fuerte rebeldía en la calle y la bronca de propietarios de bares, restaurantes y pacientes que sufrieron el Covid y hoy tienen anticuerpos, el pasaporte funciona desde este lunes, en un experimento que el gobierno ha calificado como “semana de rodaje, de pedagogía”.

“La idea es que este nuevo procedimiento debe suscitar adhesión, como fue la máscara y finalmente pasó bien”, explicó Jean Baptiste Djebbari, el ministro de transportes.

El pase deberá ser exigido en los comercios de más de 20.000 metros cuadrados pero no lo pedirán si deben visitar a un médico generalista. Lo demandarán en los hospitales pero no será un obstáculo para frenar la llegada a las salas de urgencia.

Enojados

Un recorrido por bares y restaurantes parisinos muestra un común sentimiento entre los propietarios y mozos: bronca e incomodidad.

El bar La Fontaine es una de las instituciones del barrio de la Bastille. Allí se ven todos los partidos de fútbol, a través de las pantallas de televisor, con una buena cerveza y un celebrado Croque Monsieur de queso.

Para Arnaud Nectoux, el pasaporte "es una aberración". Foto Noel Smart

Para Arnaud Nectoux, el pasaporte “es una aberración”. Foto Noel Smart

Arnaud Nectoux es uno de sus propietarios y protesta contra la medida. “Es una aberración y económicamente, una catástrofe. Nos hace perder tiempo, debemos ser vigilantes sanitarios. Los que están vacunados vienen y no es simpático exigirles el pasaporte. Los no vacunados simplemente no vienen. Somos ocho personas trabajando normalmente y quedamos 4 por la crisis. Estas medidas la agravan. No hemos recuperado aún la clientela que perdimos por el teletrabajo”, cuenta Arnaud mientras recoge tasas de café y vasos de cerveza, en el primer gran día de verano en Paris.

“Libertad, fraternidad, igualdad ya no existe en Francia”, dice y se ríe. “Se la comió la pandemia. Nadie aprende de la historia, de las otras plagas. Si cada vez que hay una virus, vamos a cerrar todo, nos fundiremos en masa. Llevamos desde marzo cerrados y esto nos termina de aniquilar. No estoy contra la vacuna. Estoy vacunado hace rato pero esta ley es un abuso”, alerta.

La Bastille es el barrio de la noche en París, de la “movida” de los jóvenes. “No viene nadie. Todo está muerto. La gente no sale de noche. Hay un problema de comunicación entre el estado y la gente . Es un documento que no funciona, que es arbitrario y daña la economía”, alerta el patrón de La Fontaine.

Fuertes multas

En pleno agosto, París es un desierto. Todo el mundo ha partido de vacaciones. Muchos bares y restaurantes han cerrado. Los cines están vacíos, a pesar del aire acondicionado. El pasaporte ya comenzó a aplicarse en museos, cines, parques temáticos, estadios, ferias y gimnasios el 21 de julio pero hoy se amplificó.

En pleno agosto, París es un desierto. Todo el mundo ha partido de vacaciones. Foto Noel Smart

En pleno agosto, París es un desierto. Todo el mundo ha partido de vacaciones. Foto Noel Smart

Tambien es exigido en seminarios y salones profesionales. Pero es obligatorio para los asalariados y los funcionarios públicos, a partir del 30 de agosto, para darles tiempo para vacunarse. Los que no lo hagan corren el riesgo de ser suspendidos su contrato de trabajo sin remuneración. Pero la cantina de las empresas y los restaurantes en la ruta y en las estaciones de trenes están exceptuados .

Los geriátricos y, sus visitantes, y los pacientes no urgentes a los hospitales deberán mostrar el pasaporte sanitario.

Para los profesionales que no controlan los pases sanitarios en sus negocios, las multas pueden llegar a 9000 euros y un año de prisión, si se constata que no cumplen en el curso de un período de 45 días.

Guillaume, el paria sin pasaporte

Guillaume, músico y sin pasaporte sanitario en París, Francia. Foto: Noel Smart

Guillaume, músico y sin pasaporte sanitario en París, Francia. Foto: Noel Smart

Guillaume es un caso que pone a prueba la terrazas de los bares de Francia . Este músico de 40 años, con una tabla de skateboard bajo el brazo, tuvo Covid hace seis meses, le sobran anticuerpos y no está vacunado. No tiene el pasaporte sanitario. No se ha hecho el test que exigen porque lo cobran y el lleva más de 18 meses sin trabajar a causa de la pandemia. Hoy es un paria sanitario bajo las nuevas condiciones en Francia.

“Ya fui a tres terrazas a tomarme un café. En la primera me senté y me pidieron el pase. Dije que no lo tenía y se excusaron pero me pidieron que me fuera. En el segundo pedí un café. Lo trajeron y me pidieron el pase. Se llevaron el café y me dijeron que, lamentablemente, no podía estar allí. Fui a una tercera terraza y pedí el café. Me lo trajeron. Cuando me pidieron el pase, dije que no lo tenía y el mozo se apiadó”, relata

Y sigue: “Comenzamos a discutir el problema que el pasaporte acarrea y como perjudica su trabajo. Y me dejó tomar el café. ¿Dónde ha quedado mi libertad?”, se preguntó Guillaume en la rue de la Roquette, que sabe que tiene sus movimientos restringidos a causa de su falta de documento sanitario.

Un mozo atiende a un cliente en una terraza de un café en París. Foto: Noel Smart

Un mozo atiende a un cliente en una terraza de un café en París. Foto: Noel Smart

Nove es una famosa pizzería napolitana en Paris . Su terraza está completa y las mozas son todas mujeres. “Nuestra técnica es que los clientes se sienten, se instalen y recién allí le pedimos el pasaporte sanitario. Queremos que se sientan cómodos”, explicó Elisa, una de ellas.

“Hasta ahora todos los tienen. Hubo una sola persona que no lo tenía pero nos mostró un test de 72 horas”, relató.

Pasaportes falsos

Sandra y Camille están vacunadas desde marzo por “alto riesgo”. “Tenemos el pasaporte, lo mostramos y no hubo ningún problema”, cuentan en la terraza. Nadie está dentro de los restaurantes en este día de sol.

El temor del gobierno son los pasaportes falsos. Uno puede ser comprado por 200 euros en Internet. Foto: Noel Smart

El temor del gobierno son los pasaportes falsos. Uno puede ser comprado por 200 euros en Internet. Foto: Noel Smart

El temor del gobierno son los pasaportes falsos. Ya hay ofertas. Un falso QR puede ser comprado por 200 euros en Internet . Pero la policía está investigando las redes.

Para los epidemiólogos, aunque sea imperfecto y hasta arbitrario, sigue siendo una buena herramienta para combatir la epidemia. Pero se debe mantener el uso de la máscara, lavar las manos, respetar la distancia social, aunque estén completamente vacunados.

París, corresponsal

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