Nómades del mar: los moken, una tribu de Asia amenazada por el turismo y el mundo moderno

No hay en su vocabulario tiempos verbales futuros, ni en su futuro ninguna certeza de supervivencia. En el mar de Andamán, entre Myanmar (ex Birmania) y Tailandia, vive una tribu amenazada por el mundo moderno.

Los moken son hijos del mar, nietos de una cultura ancestral de raíces austronesias, cuya tradición nómade tiene 3.500 años de antigüedad.

El control estatal, la privatización de la tierra y la presión turística están borrando sus costumbres, en un proceso de asimilación que parece no tener freno.

Pero la pandemia mundial de coronavirus les ha dado un respiro y muchos decidieron volver a su antiguo modo de vida.

Sin asentamientos permanentes, años atrás vivían en alta mar, en pequeñas embarcaciones, saltando de isla en isla, guiados por sus creencias espirituales.

Botes tradicionales en el mar de Andaman. Foto: AFP

Botes tradicionales en el mar de Andaman. Foto: AFP

Recogían lo que el océano les daba: allí encontraban alimento y protección, cocinaban, dormían y daban a luz. Cuando llegaba el monzón, su hogar natural se volvía inhabitable y buscaban refugio en alguna isla cercana, donde construían casas temporales hasta que la calma volviera al mar.

Privatizaciones y parques naturales

“El principal aspecto de su cultura es la libertad de movimiento e interacción con el entorno”, cuenta Lena Bumiller, fundadora de Moken Islands, una plataforma que lucha por la preservación de este pueblo ancestral.

“Esto empezó a cambiar hace 50 años”, asegura, “cuando el gobierno de Tailandia privatizó el suelo de las islas, los moken no fueron bienvenidos por los nuevos propietarios”.

Además, se prohibió la tala de árboles, materia prima de sus barcos tradicionales, y se convirtieron en parques naturales los pocos lugares que les quedaban para recolectar comida en tierra.

Paralelamente, los controles fronterizos entre Tailandia y Myanmar se volvieron más estrictos. Cada vez tenían menos sitio adonde ir y “sufrían el acoso permanente de las patrullas”, cuenta Bumiller, así que su vida nómade se vio restringida.

Muchos son apátridas, lo que los hace vulnerables a los abusos de derechos humanos. No hay registro de nacimiento para los nacidos en el mar y eso dificulta su ciudadanía.

El tsunami de 2004

Sin lengua escrita, su conocimiento se ha transmitido por generaciones a través de cantos y leyendas.

Una mujer de la tribu moken, en el archipiélago Myeik. Foto: Shutterstock

Una mujer de la tribu moken, en el archipiélago Myeik. Foto: Shutterstock

Y fue una fábula lo que los salvó de una catástrofe, el tsunami que en el 2004 afectó a 14 países y mató a más de 250.000 personas.

La baja marea anticipaba la llegada del laboon, la séptima ola, un castigo divino que envía el océano cuando el pueblo ha hecho el mal. Mientras la ola hacía escombros sus embarcaciones, corrieron a tiempo a las colinas a refugiarse del desastre.

Fue entonces cuando se acució la presión sobre su modo de vida nómade. El gobierno tailandés los alojó en la isla de Surin, en un parque natural abierto al turismo.

La isla Surin, en Tailandia. Foto: Shutterstock

La isla Surin, en Tailandia. Foto: Shutterstock

El fin de la fábula

Quedaron reducidos a una exótica reliquia, una atracción más en la masificada industria turística tailandesa. Abandonaron la autosuficiencia para ser contratados -muy por debajo del salario mínimo- en las instalaciones del parque, como limpiadores, cocineros y guías turísticos.

Comenzó una asimilación que terminó casi por completo con sus costumbres nómades.

“El mayor cambio en su estilo de vida fue la dependencia del sistema monetario”, según Bumiller. Después, la educación.

Las autoridades pusieron profesores, que enseñaron una lengua y cultura ajenas, la tailandesa. “Cuando esto ocurrió, los moken no pudieron expresar sus necesidades”, explica.

“En Tailandia viven 70 millones de personas, pero solo 3.000 son moken. ¿Qué gobierno en este mundo priorizaría los intereses de un pueblo tan pequeño?”.

“Han pasado quince años desde el tsunami y la mayoría siguen siendo apátridas”, asegura Christoph Sperfeldt, investigador del centro McMullin, que estudia los numerosos pueblos sin Estado que habitan el sudeste asiático.

El gobierno ha dado documentos de identidad especiales a algunos de ellos, “pero no es suficiente. Sólo les permiten moverse por la provincia en la que están registrados”, explica el experto.

Los "nómades del mar": la tribu moken, entre Myanmar y Tailiandia. Foto: AFP

Los “nómades del mar”: la tribu moken, entre Myanmar y Tailiandia. Foto: AFP

La pandemia y un regreso al pasado

Cuando el abandono del nomadismo parecía irremediable, una pandemia mundial cerró las fronteras estatales y, con ellas, el turismo internacional.

Despojados de su fuente de ingresos, algunos moken han vuelto a adentrarse en el vasto océano y a la autosuficiencia.

Las autoridades, que habían estrechado el espacio vital de los moken, relajaron su control.

Pero este respiro pandémico llega a su fin: Tailandia se prepara para la llegada de visitantes internacionales, una medida que volverá a confinar en tierra a los nómadas del mar.

Fuente: La Vanguardia

CB