Los atentados terroristas de París: casi seis años después, un recorrido por los bares atacados por yihadistas

En Le Petit Cambodge, el pequeño y delicioso restaurante parisino en el barrio XI, exactamente frente al hospital St Louis, la terraza estaba repleta el miércoles, a la hora del almuerzo. Bajo el techo de lona amarilla, en las mesitas redondas con sillas de colores , la gente comía, reía, gozaba del curry de langostinos, los arrolladitos primavera y los Bobuns, en un día caluroso y soleado.

Todo hubiese parecido normal si no hubiesen estado patrullando el restaurantes dos policías con chaleco antibalas, fusiles Fama y un patrullero policial en la misma esquina, cargado con más efectivos. Una suerte de amnesia invadía a los clientes y un silencio profundo a los mozos y los cocineros.

Unos no se acordaban que hoy se iniciaba el más histórico proceso judicial contra el terrorismo islámico después de la segunda guerra mundial en Francia. Los otros preferían no recordar y tampoco fueron testigos de lo que pasó.

Alli el 13 de noviembre del 2015, Brahim Abdeslam, Chabick Akbrouk y Abdelhamid Abbaoud, todos yihadistas del Autoproclamado Estado Islámico, se bajaron de un automóvil Seat León negro, matriculado en Bélgica.

Le Petit Cobodge, uno de los bares atacados el 13 de noviembre de 2015. Foto: Noel Smart.

Le Petit Cobodge, uno de los bares atacados el 13 de noviembre de 2015. Foto: Noel Smart.

Con sus Kalashnikov en la mano , dispararon tres veces sobre la terraza, al grito de Allahu Akbar y “Esto es por Siria”. Cayeron 13 inocentes, que disfrutaban de una inusualmente cálida noche de noviembre, en este restaurante favorito de los Bobos (burgueses bohemios) parisinos.

Una masacre que comenzó en el Stade de Frande, donde estaba el presidente Francois Hollande, continuó en seis restaurantes y cafés parisinos del barrio X y XI, y finalizó en el Bataclán, un simbólico lugar de conciertos y fiestas de Paris, donde en medio hora hubo 90 muertos y centenares de heridos.

Juicio histórico

En el Viejo Palacio de Justicia, en una sala nueva, en un juzgado penal especialmente integrado y bajo una organización sin precedentes, se inició al mediodía, a la misma hora de los que almorzaban en Le Petit Cambodge, el juicio contra esta serie de crímenes terroristas islamistas, con 1.800 partes civiles, más de 300 abogados y 141 medios de todo el mundo acreditados.

Un proceso histórico de un tour yihadista, que dejó 130 muertos, incluidos siete de los asaltantes, 354 hospitalizados y centenares de traumatizados. El país se encuentra bajo” alerta máxima“, ante el temor a que el juicio aumente las posibilidades de otro ataque terrorista,cuando el país vive desde entonces en” Alerta Atentado”.

Solo un terrorista sobrevivió: Salah Abdeslam, francés, detenido en Bélgica, luego que no se detonara en el Stade de France. Fue recogido por amigos en París y trasladado nuevamente a Bruselas tras el ataque terrorista, donde escapó durante cuatro meses, en el guetto que lo vio crecer .

La placa del emblemático Bataclán de París. Foto: Noel Smart.

La placa del emblemático Bataclán de París. Foto: Noel Smart.

En el juicio se identificó como “combatiente del ISIS” y no quiso dar el nombre de su padre y a su madre, cuando el juez le preguntó. Son las únicas palabras que se lo conocían desde que fue detenido, tras haber reivindicado “a Ala como única divinidad” y “a Mohammed como mensajero” frente al juez.

Después salió de su mutismo para comenzar a gritar por sus condiciones de detención y decir que son tratados ”como perros” y que en el día de la resurrección “deberán rendir cuentas”. “Este no es un tribunal eclesiástico”, respondió el juez.

La esquina de la masacre

Rue Albertine y Rue Bichat. Una esquina parisina donde se encuentran Le Petiit Cambodge, el bar Carillon, donde murieron otros 12 habitués y el bar Maria Luisa, que se salvó milagrosamente de la masacre. Los jihadistas disparaban desde la calle sobre las terrazas, como si estuvieran en una cacería.

“Trabajamos al lado. Vinimos a almorzar a aquí. No me di cuenta que venir acá coincidía con el día del juicio. Pero tras los atentados, yo tenía terror a viajar en los transportes públicos. Estaba aterrorizada. Trabaja entonces en Neuilly sur Seine y me bajaba si veía una figura sospechosa. Sentía miedo por mis hijos. Evitaba el Metro. Y lentamente uno se olvida, recupera la libertad”, contó Celine, que almorzaba en La Petit Cambodge con sus compañeras de trabajo.

Atentados de París y el recuerdo de las víctimas. Foto: Noel Smart.

Atentados de París y el recuerdo de las víctimas. Foto: Noel Smart.

El restaurante reabrió a los cuatro meses del atentado terrorista. El personal así lo quiso, tras homenajear a sus trece muertos. En una pared negra de azulejos , una serie de mosaicos blancos los recuerda.Es el símbolo de la memoria para los que trabajan y los habitués del restaurante, sin ser demasiado opresivo.

Enfrente el bar Le Carillon se mantiene intacto. Fue otro de los objetivos . Liquidaban a sus clientes , que estaban sentados en la terraza. Su bar de estaño recibió balazos, al igual que los ladrillos de las paredes, que fueron eliminados en la restauración pero se mantiene el mismo clima.

Faredji, el manager de origen de Kabilia, está solo para atender una terraza completa. Los habitués están en la vereda. No quieren recordar ese día. Para ellos hay demasiadas ausencias. Los que faltan se encontraban en las mismas mesas ,en un café de barrio, que los que están hoy y optan por el silencio y la privacidad.

Pero nadie ha abandonado Le Carillon: ir, tomar un café, sentarse en la terraza,no dejarse intimidad por el miedo, ver las patrullas súper armadas es militar contra el fanatismo religioso.Un acto tan sencillo como valiente, cuando el ministro del interior Gerald Darmanin dijo en la mañana que ”la amenaza terrorista es particularmente elevada”.

El Bataclán, en donde murieron 90 personas. Foto: Noel Smart.

El Bataclán, en donde murieron 90 personas. Foto: Noel Smart.

“Aquí nadie de los que trabajaba ha quedado. Todos se fueron, traumatizados con lo que vivieron. Un señor habitué se sentaba siempre al fondo, contra la ventana, a la izquierda. Como había mucho ruido decidió cambiarse de lugar, al lado de la terraza. Cinco minutos después había muerto” contó Faredji, que aclara que no es árabe.

“Los árabes están en Arabia Saudita. Yo soy Kabile, de Argelia”, ratifica.

Un hombre con suerte

En esa esquina macabra, el bar y restaurante Maria Louisa se salvó en esa noche de terror. Nadie disparó sobre su terraza, cubierta de habitués. Su personal de entonces no está hoy en en el local. Pero está Rafael Fernández, músico francés, bajista de la banda Monsters d´Atan y mozo, como buen artista.

“Yo puedo decir que me salvé dos veces en estos atentados. Mi amigo, el cantor de mi banda, me invitó al Bataclán esa noche porque había una promoción. Solo costaba la entrada 25 euros”, recuerda.

“Pero él tenía que trabajar en Estrasburgo y yo también. Cancelamos el proyecto. Yo antes trabaja en La Belle Biérre, otro de los restaurantes atacados, y el dueño me mudó a otro de sus restaurantes. Soy un hombre de suerte”, admite y se niega a ser fotografiado.

Mohammed es mozo en Maria Luisa. Llego después de los atentados,hace solo dos años. “Es horrible lo que pasó pero yo no estaba aquí cuando sucedió. La vida sigue”reconoció Mohamed.

El Bataclán, un símbolo

Eran las 21.40 de la noche del 13 de noviembre del 2015 cuando el tercer grupo comando llegó al teatro del Bataclán, un lugar mítico del este de Paris. Ese edificio de 1864, cuyo nombre recuerda a una opereta de Jacques Offenbach, era el templo del rock and roll parisino.

Esa noche tocaba la banda de heavy metal americana Eagles of Death Metal y estaba repleto. Más de 1.500 personas fueron a escucharlos.

Allí llegaron Foued Mohammed Aggad, Ismael Mostefai y Samy Amimour, un ex cartero, tres jihadistas del ISIS, todos franceses, para asesinar a 90 personas en media hora, uno a uno.

Recuerdo de las víctimas. Foto Noel Smart.

Recuerdo de las víctimas. Foto Noel Smart.

Llevaban cinturones explosivos, que explotaron, cuando finalmente la policía penetró en el lugar, a partir de las 22 y 15 de la noche. Un asalto que terminó a la 1 y 18 de la mañana, con los tres terroristas muertos y casi un centenar de víctimas, después de tomar al público como escudos humanos. Una verdadera masacre.

Hoy el Bataclán ha recuperado sus colores originales -colorado, verde, blanco, amarillo- y sigue con sus conciertos.

En la planta baja está el café del Bataclán, que ha reabierto hace dos meses tras la pandemia. Un acto optimista, en un lugar cargado de una historia alegre de Paris,que terminó en una brutal tragedia. En su vereda, unos redondeles de hierro honran a sus muertos:”Bataclán, 13 de noviembre del 2015” se lee. Al lado, un placa conmemora a los 90 que murieron y a los centenares de heridos.

Bajo los 30 grados de un verano tardío en Paris, un payaso viejo, con su nariz colorada y un bonete, atraviesa la vereda del café. “No sé a donde vamos pero a algún lado vamos”, repite, con esperanza.

Los dueños del Café del Bataclán quieren separarse de la tragedia, cuando en su terraza solo hay periodistas buscando entrevistarlos en un día emblemático.

“Llegamos hace dos meses. Este debe ser un lugar de vida, un gran espacio, un gran restaurante, respetando la memoria”, asegura su manager, tras insistir que su espacio es separado del otro Bataclán, el de los muertos, en el mismo edificio. En el interior, la arquitectura del 1800 intacta, como en el Bataclán original.

En la plaza de enfrente, entre los consumidores de droga y los migrantes, una joven llora frente a la placa donde se alinean los nombre de los 90 muertos,. Pide privacidad, distancia. Su cara está bañada en lágrimas.

Sobre la piedra se leen los nombres de las víctimas:Stephane Albertini, Juan Alberto González Garrido, Fabrice Dubois, Nathalie Boulguina, Marie Mosser y la lista sigue. Hay flores, fotos y una planta de olivo que crece en su homenaje.

La calle mártir

La muy parisina rue de Charonne, en el barrio de La Bastille, fue la otra calle mártir. Los terroristas atacaron el café y restaurante La Belle Ëquipe, a la altura del 92, donde cometieron otra horrenda masacre. Pero ellos reabrieron, con el nombre de las víctimas en la pared y espíritu de combate, de resurrección y con memoria.

A otros como el Comptoir Voltaire los liquidó el atentado. El nuevo restaurante se llama Les Ogres y está especializado en carnes. “Hay que mantenerlo vivo” dice Ramon Rajaonson, su gerente. Avanzar sin olvidar el horror.Allí se detonó Brahium Abdeslam, hermano del terrorista que sobrevivió y está siendo juzgado. Y dejó dos heridos graves.

El restaurante La Casa Nostra, ametrallado por los terroristas, es otra historia trágica. No existe más. Su dueño argelino vendió al tabloide británico The Daily Mail el video de sus cámaras de seguridad. Se observa en él la tragedia, las detonaciones, la gente aterrorizada escondiéndose. Los clientes lo demandaron. Cayó en la ruina. Hoy vive en Argelia, en la casa de sus padres, sin un centavo.

Atentados en París, una esquina emblemática. Noel Smart.

Atentados en París, una esquina emblemática. Noel Smart.

El dueño de local lo ha pintado y espera, pandemia de por media, un nuevo locatario.

Los clientes sobrevivientes vuelven a los cafés, como un ritual. Como si fuera una terapia, una cura del dolor y las tremendas imágenes con las que deberán convivir toda la vida. El proceso judicial durará nueve meses.Muchos de ellos declararán. Será la hora de hacer justicia .Pero deberán evocar esos momentos terribles, aterradores, y sobre todo, dolorosos.

Seis de los acusados ​​serán juzgados en ausencia, y se cree que cinco probablemente murieron en Siria. Pero hay una evidencia: la mayoría de los involucrados en esa masacre eran franceses o belgas, hijos de la inmigración, que forzarán a Francia y a Bélgica a preguntarse por qué se radicalizan, hasta llegar a matar a sus propios compatriotas.

PB