Lo que dejó la cumbre Biden-Putin: un gesto de distensión pero aún con muchos puntos de fricción

Las delegaciones de Estados Unidos y Rusia se sentaron a la enorme mesa rectangular de un salón de la Villa La Grange, una imponente mansión del siglo XVIII en Ginebra, Suiza. El presidente Joe Biden estaba con sus funcionarios de un lado de la mesa, flanqueado con la bandera de su país, y enfrente estaba su homólogo ruso, Vladimir Putin, con sus hombres y su insignia.

Un detalle acentuaba la tensión de ese encuentro: cada país se había llevado su propia agua mineral en botellitas de plástico, un gesto que ratificó la desconfianza del estadounidense hacia el ruso, a quien hace pocos meses había calificado de “asesino” por intentar envenenar a opositores.

La cumbre Biden-Putin, el paso más esperado en el cierre de la primera gira del estadounidense al exterior, buscó aplacar uno de los momentos más críticos de la relación entre los dos países, considerada la peor desde la Crisis de los Misiles, en plena Guerra Fría. Los mandatarios hicieron su esfuerzo, hubo gestos concretos de distensión, pero al final del día la tensión no desapareció. Es evidente que se necesitará más tiempo para recuperar algo de confianza.

Al llegar se estrecharon las manos y Biden le regaló a Putin unos anteojos de aviador como los que él usa y una escultura de un bisonte, el animal representativo de EE.UU. El jefe del Kremlin le agradeció el gesto. Luego de dos horas y media de reuniones –un tiempo menor a lo pautado–, los presidentes tuvieron avances para anunciar el regreso de sus respectivos embajadores, retirados en el pico más turbulento de la relación, y que iniciarían consultas para extender el último pacto nuclear que comparten.

El presidente estadounidense Joe Biden y el presidente ruso Vladimir Putin se dan la mano durante la cumbre en Ginebra, Suiza. Foto EFE

El presidente estadounidense Joe Biden y el presidente ruso Vladimir Putin se dan la mano durante la cumbre en Ginebra, Suiza. Foto EFE

Pero más allá de esos gestos de distensión, se mantienen los puntos de fricción. En conferencias de prensa separadas insistieron en los temas que los desvelan. Putin acusó a Washington de financiar a la oposición para debilitarlo como adversario y Biden se centró en los ciberataques, que sus servicios de inteligencia atribuyen a Moscú, y en la violación de los derechos humanos en Rusia. “Creo que lo último que quiere [Rusia] es una nueva guerra fría”, dijo Biden en tono de advertencia.

La confianza

Consultado sobre el balance de esta cumbre, Ivan Dienev Ivanov, experto en seguridad internacional y relaciones la OTAN y Rusia, dijo a Clarín: Biden dijo hoy que “toda la política exterior es función de las relaciones personales. Por eso, la cumbre en Ginebra alcanzó su objetivo principal que es el de allanar el camino hacia las conversaciones y negociaciones posteriores sobre un amplio conjunto de cuestiones a pesar del poco nivel de confianza que las dos partes tienen entre sí. En ese sentido, es posible que estemos volviendo al espíritu de los años 1985 y 1989 durante las cumbres Reagan-Gorbachov y George H.W. Bush-Gorbachov”.

Explicó que los temas en discusión de la cumbre se pueden caracterizar en tres categorías. La primera fue la comunicación directa de parte de Biden a Putin sobre intereses de Estados Unidos y sus aliados, que incluyen el destino de Alexei Navalny y la oposición rusa, así como el problema más amplio de la libertad de prensa y los medios de comunicación en Rusia.

Saludo entre Joe Biden, a la derecha, y Vladimir Putin, a la izquierda. Foto EFE

Saludo entre Joe Biden, a la derecha, y Vladimir Putin, a la izquierda. Foto EFE

La segunda categoría identificó áreas de trabajo práctico, como la protección de entidades privadas contra ataques cibernéticos, así como la implementación de los acuerdos de Minsk en el conflicto en Ucrania, donde las dos partes acordaron lanzar grupos bilaterales para intercambiar información y coordinar políticas.

La última categoría –dijo el experto– se ocupó de problemas que incluyen valores comunes compartidos, como la seguridad estratégica y negociaciones de desarme. Aquí, ambos líderes acordaron restablecer el diálogo bilateral sobre la extensión o renegociación del nuevo tratado START (tratado de limitaciones estratégicas de armas) más allá de 2026.

Para Ivanov, “la cumbre sirvió como una reunión preparatoria que podría alterar el declive de la cooperación bilateral entre estas superpotencias hacia una cooperación pragmática de alcance limitado sobre problemas críticos de la cooperación global. Siendo pragmático en sus expectativas, creo que Biden se fue confiado en que ya existe el potencial de cambiar el curso de las relaciones bilaterales, mejorando la seguridad global”.

Más allá de los resultados concretos, el gobierno de Biden buscó sentar bases de “racionalidad” en la relación y se ocupó de bajar las expectativas. El jefe de la Casa Blanca evitó hablar de éxito o fracaso y sobre todo de la restauración de la “confianza” hacia el ruso. “Esto no es un tema de confianza, es de interés mutuo”, dijo, “el verdadero test será dentro de seis meses”. “Hay una posibilidad de mejora sin ceder en ninguno de nuestros principios”, recalcó.

Putin también evitó los exitismos. Dijo que hay voluntad, pero también incertidumbre. Y citó al máximo escritor ruso a la hora de mostrar su visión tras el encuentro. “León Tolstoi dijo una vez: ‘No hay felicidad en la vida, solo hay destellos de ella’”. “Creo –añadió Putin– que en esta situación no puede haber ningún tipo de confianza familiar. Pero creo que hemos visto algunos destellos”.

PB