Estructuras misteriosas en el desierto: ¿China está por probar nuevos misiles nucleares?

En un árido desierto, unos 1.900 kilómetros al oeste de Beijing, el gobierno chino está excavando un nuevo terreno de lo que parecen ser 110 silos para el lanzamiento de misiles nucleares. Es el segundo campo de este tipo descubierto por analistas que estudian imágenes de satélites comerciales en las últimas semanas.

Puede tratarse de una vasta expansión del arsenal nuclear de China: ansias de una superpotencia económica y tecnológica por demostrar que, tras décadas de contención, está preparada para esgrimir un arsenal del tamaño del de Washington o el de Moscú.

O puede ser simplemente una táctica de negociación creativa, si bien costosa.

Allí, para ser vistos

Claramente, los nuevos silos se construyen para ser descubiertos. El más reciente, cuya construcción comenzó en marzo, se encuentra en la parte oriental de la provincia de Sinkiang, no lejos de uno de los notorios campos de “reeducación” de China, en la ciudad de Hami.

Fue identificado a finales de la semana pasada por expertos nucleares de la Federación de Científicos Americanos, utilizando imágenes de una flota de satélites de Planet Labs, y compartido con The New York Times.

Durante décadas, desde su primera prueba nuclear exitosa en los años 60 del siglo pasado, China ha mantenido una fuerza de “disuasión mínima”, que la mayoría de los expertos externos estiman en alrededor de 300 armas nucleares. (Los chinos no lo dicen, y las evaluaciones del gobierno estadounidense son confidenciales.)

Fotos satelitales muestran la construcción de silos en el desierto. Foto: Planet Labs Inc. vía The New York Times

Fotos satelitales muestran la construcción de silos en el desierto. Foto: Planet Labs Inc. vía The New York Times

De ser eso exacto, equivale a menos de una quinta parte del número mostrado por Estados Unidos y Rusia, y en el mundo nuclear, China siempre se ha presentado como un país que ocupa una suerte de terreno moral y evita costosas y peligrosas carreras armamentísticas.

Pero eso parece estar cambiando con el gobierno del presidente Xi Jinping. Al mismo tiempo que China reprime la disidencia en su país, afirma un nuevo control sobre Hong Kong, amenaza a Taiwán y hace un uso mucho más agresivo de las armas cibernéticas, también se dirige a territorio nuevo con las armas nucleares.

“La construcción de silos en Yumen y Hami constituye la expansión más importante del arsenal nuclear chino de la historia”, escribieron Matt Korda y Hans M. Kristensen en un estudio sobre el reciente campo de silos.

Durante décadas, señalan allí, China ha operado unos 20 silos para misiles grandes de combustible líquido, llamados DF-5. Pero el campo recién descubierto, combinado con otro a cientos de kilómetros de distancia en Yumen, en el noreste de China, que fue descubierto por el Centro James Martin de Estudios de No Proliferación en Monterrey, California, le proporcionará al país 230 nuevos silos.

La existencia de ese primer campo, de unos 120 silos, fue informada anteriormente por el diario The Washington Post.

El misterio es por qué ha cambiado la estrategia de China.

Las teorías​

Hay varias teorías. La más sencilla es que ahora se ve a sí misma como una superpotencia económica, tecnológica y militar de amplio espectro y quiere tener un arsenal a la altura de ese estatus.

Otra posibilidad es que China esté preocupada por las defensas antimisiles estadounidenses, que son cada vez más eficaces, y por el desarrollo nuclear de la India, que ha sido muy acelerado. Están también el anuncio de nuevas armas hipersónicas y autónomas por parte de Rusia y la posibilidad de que Beijing aspire a un esquema disuasivo más eficaz.

Una tercera posibilidad es que a China la inquiete que sus pocos misiles terrestres sean vulnerables a los ataques, y al construir más de 200 silos, repartidos en dos ubicaciones, pueda jugar al juego de las apariencias, moviendo 20 misiles o más de un lado a otro y hacer que Estados Unidos adivine dónde están. La técnica es tan antigua como la carrera armamentística nuclear.

Los silos son construidos en zonas remotas pero a la vista de los satélites de EE.UU. Foto: Planet Labs Inc. vía The New York Times

Los silos son construidos en zonas remotas pero a la vista de los satélites de EE.UU. Foto: Planet Labs Inc. vía The New York Times

“Que construyan los silos no significa que tengan que llenarlos todos con misiles”, observa Vipin Narang, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts especializado en estrategia nuclear.

“Pueden trasladarlos de un sitio a otro.”

Y, desde luego, pueden negociarlos. Es posible que China crea que tarde o temprano se verá arrastrada a entrar en negociaciones de control de armamento con Estados Unidos y Rusia, algo que el expresidente Donald Trump intentó forzar durante su último año de mandato, cuando dijo que no renovaría el nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas START con Rusia a menos que se incluyera a China, que nunca ha participado en el control de armas nucleares.

El gobierno chino desestimó la idea entonces, diciendo que si los estadounidenses estaban tan preocupados, deberían reducir su arsenal en cuatro quintas partes hasta alcanzar los niveles chinos.

El resultado fue un estancamiento. Al final de la administración Trump, el secretario de Estado Mike Pompeo y su enviado para el control de armas, Marshall Billingslea, escribieron “le hemos pedido transparencia a Beijing y que se una a Estados Unidos y Rusia para elaborar un nuevo acuerdo de control de armas que cubra todas las categorías de armas nucleares”.

Desfile militar con misiles en Beijing. Foto: The New York Times

Desfile militar con misiles en Beijing. Foto: The New York Times

“Es hora de que China deje de hacer poses y comience a comportarse de forma responsable”, escribieron ambos.

Pero la administración Biden llegó a la conclusión de que no era prudente dejar que el Nuevo START con Rusia expirara simplemente porque China se negase a unirse. Una vez en el cargo, el presidente Joe Biden actuó con rapidez para renovar el tratado con Rusia, pero su gobierno ha dicho que en algún momento quiere que China entre en algún tipo de acuerdo.

Todavía no han comenzado esas conversaciones. La subsecretaria de Estado norteamericana Wendy Sherman viajó a China esta semana en la primera visita de un diplomático estadounidense de alto nivel desde que Biden asumió el cargo, pero no está claro que las armas nucleares figuren en la agenda. A continuación, Sherman encabezó conversaciones nucleares con Rusia.En la Casa Blanca, el Consejo de Seguridad Nacional declinó hacer comentarios sobre los indicadores de la expansión del arsenal chino.

Wendy Sherman y el viceministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Riabkov, en Ginebra. Foto: EFE

Wendy Sherman y el viceministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Riabkov, en Ginebra. Foto: EFE

Es probable que los satélites espías estadounidenses hayan captado hace meses la nueva construcción.

Pero todo se hizo público cuando Matt Korda, analista de investigación de la Federación de Científicos Americanos, una agrupación privada de Washington, utilizó imágenes de satélites civiles para examinar las áridas tierras del interior de la provincia de Sinkiang, una zona escarpada de montañas y desiertos del noroeste de China.

Korda estaba a la pesca de pruebas visuales de la construcción de silos que coincidieran con lo que ya habían descubierto los investigadores.

En febrero, la Federación de Científicos Americanos informó la ampliación de silos misilísticos en un campo de entrenamiento militar cerca de Jilantai, ciudad de Mongolia Interior. La agrupación halló 14 nuevos silos en construcción. Luego vino el descubrimiento en Yumen.

Al escanear las tierras agrestes de la provincia de Sinkiang, Korda buscaba específicamente cúpulas inflables, no muy diferentes de las que albergan algunas canchas de tenis. Los ingenieros chinos las colocan sobre las obras de construcción de silos subterráneos de misiles para ocultar el trabajo que hay debajo.

De repente, a unos 250 kilómetros al noroeste de la base recién descubierta, el investigador encontró una serie de cúpulas inflables casi idénticas a las de Yumen, en donde resultó haber otro sitio militar en expansión.

Prohibido pasar

Este nuevo establecimiento se encuentra en una zona remota que las autoridades chinas han aislado de la mayoría de los visitantes.

Se encuentra a unos 100 kilómetros al suroeste de la ciudad de Hami, conocida por ser sitio de un campo de reeducación donde el gobierno chino detiene a uigures y miembros de otros sectores minoritarios.

Y está a unos 420 kilómetros al este de un ordenado complejo de edificios con techados amplios que pueden abrirse al cielo. Hace poco el lugar fue identificado por los analistas especializados como una de las cinco bases militares en las que las fuerzas chinas han montado láseres que pueden disparar haces de luz concentrados a satélites de reconocimiento, enviados en su mayoría por Estados Unidos.

Los láseres ciegan o desactivan los frágiles sensores ópticos.

En colaboración con su colega Hans Kristensen, experto en armamento que dirige el proyecto de información nuclear de la agrupación, Korda utilizó fotos satelitales para explorar el lugar.

Según el informe de ambos, los silos nuevos están a algo menos de 3 kilómetros entre sí. En general, agrega el trabajo, el extenso sitio de construcción cubre aproximadamente 780 km2, un tamaño similar al de la base de Yumen, también en el desierto.

El profesor Vipin Narang señala que los dos nuevos campos de silos dan al gobierno chino “muchas opciones”.

“No es ninguna locura”, afirma. “Hacen que Estados Unidos ponga en la mira un montón de silos que podrían estar vacíos. Pueden llenar estos silos poco a poco si necesitan aumentar su fuerza. Y obtienen ventaja en el control de armas”.

“Me sorprende que no hicieran esto hace una década”, concluye.

Los autores son periodistas de The New York Times

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