Corea del Norte: la libertad en un par de jeans

En mayo pasado, una de esas noticias que parecen a la vez increíbles y demasiado tentadoras como para ignorarlas, produjo revuelo en numerosos diarios occidentales por la supuesta noticia de que Kim Jong Un, el autócrata que gobierna Corea del Norte, había emitido un edicto oficial que prohibía los jeans rotos o ajustados.

Aunque resultó ser una versión hiperbólica de una noticia vieja, tres desertoras que viven en Corea del Sur dijeron que la idea de que los jeans simbolizan una especie de rebelión en pos de un futuro distinto para quienes viven en Corea del Norte no es tan descabellada como podría parecer.

“Cuando vivía en Corea del Norte, nunca tuve la libertad de ponerme lo que quería, pero nunca lo cuestioné porque no sabía que esa libertad existía”, dijo Jihyun Kang, de 31 años, que creció en Chongjin, la tercera ciudad de Corea del Norte en número de habitantes.

Kang vislumbró por primera vez esa libertad cuando fue de vacaciones al monte Paektu y vio a un turista.

Corea del Norte, jeans y moda; un camino hacia la libertad. Foto: Woohae Cho/ The New York Times

Corea del Norte, jeans y moda; un camino hacia la libertad. Foto: Woohae Cho/ The New York Times

“Estaba convencida de que era un indigente porque en Corea del Norte sólo los mendigos llevaban la ropa rota“, dijo. “Pero mi padre me dijo que era caro para los extranjeros viajar a Corea del Norte y supuso que los vaqueros estaban rasgados por una cuestión de estilo“.

Estilo

Kang señaló que era la primera vez en su vida que reflexionaba sobre esa palabra – “estilo”- y las preguntas la llevaron a plantearse interrogantes más amplios sobre su identidad y el significado de la liberación personal que, en última instancia, la llevaron a tomar la decisión de abandonar su país.

No es la única. Kang Nara, una estrella de las redes sociales de 23 años, y Yoon Miso, asesora de imagen de 32 años, que abandonaron Corea del Norte para irse a Corea del Sur, tomaron la ruta de la libertad para llegar a la moda. Ahora tratan de ayudar a otros a entender lo poderosa que puede ser la ropa.

Kang Nara cruzó la frontera de Corea del Norte a Corea del Sur en 2015. Foto: Woohae Cho / The New York Times

Kang Nara cruzó la frontera de Corea del Norte a Corea del Sur en 2015. Foto: Woohae Cho / The New York Times

¿Qué significa la moda en Corea del Norte?

Aunque se tiene poca información sobre la industria de la moda en Corea del Norte, los estilos en el país varían significativamente de una provincia a otra y de una clase social a otra. En Pyongyang, la capital cuidadosamente vigilada donde vive la élite, la moda tiene un aspecto muy diferente al del resto del país, en tanto se estima que el 60% de la población vive en la pobreza absoluta.

En otra época, los ciudadanos norcoreanos recibían del Estado raciones de ropa – atuendos de dos piezas tipo uniforme en colores lisos y limitados- pero, cuando la economía se desmoronó a mediados de la década de 1990, la gente creó su propio sistema de mercados locales y desde entonces hay una mayor variedad de opciones.

Al principio, los comerciantes del mercado vendían lo que podían cultivar, cocinar o coser en casa, pero en 2017 había 440 mercados oficiales abastecidos en su mayor parte con productos importados de China que incluían alimentos, artículos para el hogar y ropa.

También hay un activo mercado negro, con artículos como maquillaje, memorias USB que contienen medios extranjeros y “ropa prohibida”. Los desertores dicen que los verdaderos fashionistas conocen a vendedores privados y compran los artículos más arriesgados en su casa.

Ropa de IStory en una exposición colectiva en Seúl, Corea del Sur. Foto: Woohae Cho / The New York Times

Ropa de IStory en una exposición colectiva en Seúl, Corea del Sur. Foto: Woohae Cho / The New York Times

Las leyes y los castigos en Corea del Norte no son públicos, por lo que no está claro qué prendas y accesorios son ilegales. En cambio, hay directivas que prohíben “los artículos que representan ideas capitalistas” enumeradas en el Rodong Sinmun, el diario estatal del país.

Organizaciones como la Liga de la Juventud Patriótica Socialista interpretan desde hace mucho que esto incluye las minifaldas, las remeras con leyendas en inglés y varios tipos de jeans, y vigilan al público en consecuencia.

Durante décadas, los que se atrevían a vestirse fuera de la norma se enfrentaban a humillaciones públicas o la cárcel si eran descubiertos. Kang recuerda, por ejemplo, una ocasión en la que tuvo que rogarle a un policía que la librara de una sesión de humillación después que la pescaran con unos jeans blancos (lo consiguió).

“Si quería ponerme algo, como unos vaqueros, tenía que hacerlo a escondidas”, dijo Kang. “Caminaba por calles secundarias o me escondía si veía que se acercaba un patrullero”.

Yoon Miso, que es de Hyesan, dijo haber conseguido su primer par de jeans –unos azules de botamanga ancha- en casa de un vendedor privado cuando tenía 14 años.

“Un día, combiné los vaqueros con un top de colores vivos y me agarraron”, dijo.

Yoon Miso cruzó la frontera de Corea del Norte a Corea del Sur en 2013. Foto: Woohae Cho / The New York Times

Yoon Miso cruzó la frontera de Corea del Norte a Corea del Sur en 2013. Foto: Woohae Cho / The New York Times

Un funcionario de la Liga de la Juventud Patriótica Socialista le cortó los vaqueros en una sesión de humillación pública, dijo, y la hizo pedir perdón públicamente. También se notificó a su escuela, donde la sermonearon sobre los peligros de las “ideas capitalistas y burguesas”.

En 2009, con 20 años, Yoon se mudó a China y vivió allí dos años antes de mudarse a Corea del Sur en 2011.

“Para mí, la moda es libertad, y me fui de Corea del Norte porque quería poder ponerme lo que quisiera”, dijo.

Aprender a vestirse de nuevo

El Ministerio de Unificación de Corea del Sur calcula que 34.000 norcoreanos han cruzado la frontera desde 1998. Los desertores, que se enfrentan a penas de prisión o algo peor si son capturados, suelen salir por el sur de China, atravesando Laos y luego Tailandia antes de llegar a Corea del Sur.

Algunos traen una pequeña cantidad de ropa de Corea del Norte o recogen artículos en China, donde quizá se adapten a la moda rural china. Finalmente, ingresan en Corea del Sur con las manos más o menos vacías.

A su llegada, los desertores pasan hasta tres meses bajo investigación del Servicio Nacional de Inteligencia de Corea del Sur mientras viven en un edificio aislado en las montañas. Si son aprobados, pasan a un centro de apoyo a la radicación llamado Hanawon, donde a los desertores se les enseñan los fundamentos de la banca, la tecnología y las compras.

Parte de esa educación suele incluir una excursión a unas grandes tiendas, donde los alumnos de Hanawon reciben dinero para comprar. Aunque Corea del Norte tiene un puñado de grandes tiendas con marcas occidentales para el 1%, el viaje a Hanawon es una novedad para la mayoría de los desertores.

Kang Nara, que perdió toda su ropa mientras cruzaba el río Yalu en 2014, dijo que recordaba haber elegido un chaleco acolchado de K-Swiss forrado con piel de mapache, un artículo que su profesor le dijo que era elegante para los niños de su edad.

Yoon describió el centro comercial al que acudió, Shinsegae (que significa “nuevo mundo”), como “un mundo alternativo e increíble”. Recordó haber comprado un pijama corto de algodón con volados en los bordes que había visto en el drama coreano “Stairway to Heaven”.

Cuando salieron de Hanawon, las mujeres descubrieron que la vida cotidiana surcoreana apenas se parecía a lo que habían visto en la televisión cuando vivían en Corea del Norte. Jihyun Kang, que desertó en 2009, dijo que fue la primera vez que pensó en los gastos que supone vestir bien y que el estilo surcoreano para todos los días le pareció decepcionante.

“Cuanto más miraba la ropa, más entendía la calidad”, dijo. “Quería cosas más bonitas, pero no las podía comprar. En los dramas coreanos, todo el mundo lleva ropa colorida y cara y se cambia a menudo, pero en la vida real las cosas no eran así en absoluto”.

Kang Nara dijo que no podía entender por qué la gente de dinero se vestía de forma tan sencilla y que le costó aceptar algunas tendencias durante su primer año.

“Me horrorizaban esos pantalones que se usan caídos al estilo de Justin Bieber“, dijo.

Y por mucho que Yoon deseara vivir en un mundo de opciones, aprender a comprar le producía ansiedad.

“Al principio, sólo sabía comprar en las grandes tiendas y suponía que la mejor ropa era la más cara”, dijo, y pensaba que tocar algo significaba que había que comprarlo y no estaba segura de si estaba permitido probarse cosas. Ni siquiera se imaginaba cómo era tratar de devolver algo.

“Era como que los demás tenían permiso para hacer esas cosas, pero que, si yo lo hacía, todo el mundo me miraba”.

Mientras que Jihyun Kang dijo que estaba demasiado ocupada para pensar en asimilarse durante esos primeros años, Kang Nara y Yoon reconocieron sentirse acomplejadas por su ropa y su condición de desertoras, porque estas suelen estar mal vistas en Corea del Sur. Yoon, además de ocultar su origen norcoreano, dijo que intentaba verse y hablar como una persona local.

“A veces pensaba en la ropa que llevaba en mi país y en cómo todo el mundo me decía que me veía linda con ella, pero nunca me permití vestirme de esa manera”, dijo.

“Me obligaba a ponerme lo más surcoreano posible“. Para entender lo que eso significaba, pasó horas en YouTube viendo tutoriales de belleza y recibiendo consejos de moda de “Get It Beauty”, un popular programa de televisión surcoreano conducido por maquilladoras y celebridades de la moda.

Kang Nara dice que se arrepiente de muchas de sus primeras elecciones en materia de moda, como prendas de un amarillo y un rosas chillones, blusas con tachas y remeras con grandes leyendas en inglés.

Me vestía como la gente rica de Corea del Norte, que lo hacía según su interpretación de cómo se vestían los chinos ricos”, explicó. Con el tiempo, redujo y simplificó su estilo, inspirándose en celebridades surcoreanas como la actriz Cha Jung-won.

“Cuando la gente se enteraba de que yo era del Norte, decía que no lo podía creer, y su sorpresa siempre era un cumplido”, dice Kang. “Me hacía sentir satisfecha de cómo me vestía: como si fuera un cuervo que había conseguido pasar inadvertido entre las palomas”.

Modelar la propia historia

Las redes sociales han llegado a desempeñar un papel importante para ayudar a los desertores a adaptarse a su nueva vida, especialmente YouTube, que algunos norcoreanos utilizan para ayudar a los surcoreanos a entender sus dificultades. En los últimos cinco años, varios desertores utilizaron la plataforma para hablar de su vida en su país y sus experiencias en Corea del Sur.

Kang, una de las YouTubers más conocidas de este género, ha construido su canal a partir de su imagen como experta en moda y belleza norcoreana. Aunque la mayor parte de su contenido es de tono ligero, en un video dice que una vez se planteó volver a Corea del Norte.

“La gente me dice que he hecho un buen trabajo de adaptación, pero había días en los que quería volver a casa”, dice. “Me sobrepuse a muchas cosas para venir aquí, y resulta que Corea del Sur es un lugar donde la gente trabaja mucho para vivir, así que eso es lo que hice: trabajé mucho para vivir“.

Yoon dice que hace muy poco que decidió ser sincera sobre su origen. El hecho de haberse graduado en moda, haber conseguido trabajo en ese campo y haberse involucrado más en la comunidad de los desertores ha aumentado su confianza.

Las remeras diseñadas por IStory. Foto: Woohae Cho / The New York Times

Las remeras diseñadas por IStory. Foto: Woohae Cho / The New York Times

La mayor lección de moda que aprendió desde que llegó a Corea del Sur es “adaptar las tendencias actuales a una misma, no tratar de copiar lo que llevan los demás”, dice. Está inscripta en un centro de capacitación empresarial llamado Asan Sanghoe y espera crear una línea de cosméticos, centrada en el tipo de colores vivos que estarían prohibidos en Corea del Norte.

Jihyun Kang se graduó en el mismo centro el año pasado. En abril lanzó una línea de ropa llamada Istory, para la que entrevista a desertores norcoreanos y luego traduce sus relatos en imágenes, que a su vez se imprimen en parches que se cosen en los codos de remeras de manga larga.

El código QR de la etiqueta de la remera lleva a una página web sobre la historia del desertor: antecedentes familiares, infancia, la huida de Corea del Norte y objetivos futuros. La remera que representa la historia de Kang es una silueta del monte Paektu con una puesta de sol naranja en la distancia.

“La moda te permite contar una historia”, dijo Kang, y añadió que a través de su trabajo ha conocido a muchos desertores que tenían dificultades en el Norte y siguen superando muchas cosas en Corea del Sur. “Cuanta más gente conozca estas historias, más espacio habrá para el cambio, y yo quiero contribuir a ello”.

Por Hahna Yoon, de The New York Times

Traducción: Elisa Carnelli

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