Chile y la madre de todas las elecciones

El total de candidatos en las elecciones en Chile este fin de semana es 16.000. Hay cuatro papeletas: una para Convención Constituyente (1373 candidatos para 155 cargos), otra para Gobernador Regional, otra para alcalde, y otra para concejales.

Algunas tendrán 80 nombres en una docena de listas. Todo esto, en plena pandemia, que ha golpeado fuerte en Chile. Tanto es así, que las elecciones, originalmente fijadas para el 11 de abril, tuvieron que postergarse.

¿Fue un error embarcarse en algo tan ambicioso como una nueva Constitución? Una sobrecargada agenda electoral en plena crisis sanitaria, después de una recesión, sólo demostraría un voluntarismo digno de mejor causa, dicen algunos.

Esta opinión es equivocada. Como señala Linda Colley en su nuevo libro, El cañón, el barco y la pluma, las constituciones son elementos fundamentales para restablecer la unidad nacional y la legitimidad gubernamental.

Mujeres mapuches votan este sábado en Temuco, en el sur de Chile. Foto: AFP

Mujeres mapuches votan este sábado en Temuco, en el sur de Chile. Foto: AFP

Estas elecciones son una gran oportunidad para que Chile recupere el ímpetu que lo llevó a grandes avances en los últimos 30 años.

La Constitución de la era Pinochet

Cuarenta años de la Constitución de Pinochet son más que suficientes. El estallido social del 18 de octubre de 2019 fue prueba al canto del agotamiento del modelo. Según una encuesta del CEP de abril, un 53% de los chilenos creen que el país está estancado, y un 40% que está en decadencia.

De las múltiples protestas en el mundo en 2018 y 2019, la única que condujo a una salida institucional como una Convención Constituyente, fue la que se dio en Chile.

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Ésta será una convención paritaria, y con representación de los pueblos originarios, con 17 de los 155 constituyentes. Esto es abrir brecha en grande. Y ya era hora. La desconfianza en las instituciones es brutal. Según la misma encuesta CEP, sólo un 9% confía en el gobierno, un 8% en el Congreso y un 2% en los partidos políticos.

La ironía no podría ser mayor. Como Franco (sólo que con mucho más éxito), Pinochet dejó todo “atado y bien atado”.

Cambio histórico

Durante cuatro décadas la derecha se resistió a cambios fundamentales en una Constitución centrada en la defensa del derecho de propiedad, en relegar al Estado a un papel subsidiario y en proteger un sistema privado de pensiones que provee jubilaciones de hambre. Y la resistencia al cambio terminó en la pesadilla del pinochetismo “puro y duro”: una Asamblea Constituyente electa por el pueblo, algo inédito en la historia de Chile.

Una fila de votantes frente a un centro electoral este sábado en Santiago de Chile. Foto: AP

Una fila de votantes frente a un centro electoral este sábado en Santiago de Chile. Foto: AP

El 79% de apoyo al “Apruebo” en el plebiscito de octubre de 2020 es decidor. Dicho esto, el que el texto final de la nueva carta deba ser aprobado por dos tercios de los constituyentes le puede dar un poderoso derecho a veto a la derecha, que va en lista única (a diferencia del centro y la izquierda).

Otra duda es si la participación electoral superará el magro 50% de ese plebiscito. Con todo, poca duda cabe que Chile se encuentra en uno de esos puntos de inflexión que rara vez se dan en la historia de los pueblos. Veremos si el mismo es aprovechado en toda su justa dimensión.

Jorge Heine es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Boston y ex ministro de Estado de Chile

CB​

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