Cambio de época en la Casa Blanca: el nuevo estilo que impone Joe Biden

No hay tuits sobresaltados de madrugada, no hay insultos ni bravatas, volvieron las conferencias de prensas diarias y ahora existe un presidente que llama al diálogo con una agenda de trabajo prolija, enfocada en una serie de prioridades.

En sus primeros días de gobierno, la Casa Blanca de Joe Biden es muy distinta a la caótica de cuatro años de Donald Trump. Más allá del aluvión de decretos que el flamante presidente demócrata ha firmado estos días, puede decirse que el acto más drástico de Biden ha sido el regreso a la normalidad.

Biden asumió el 20 de enero y hay cambios de fondo, con la firma desde el primer día de una serie de decretos que revirtieron medidas implementadas por Trump y también otras para contener las cuestiones urgentes como la lucha contra la pandemia del coronavirus y la crisis económica.

Pero también hay cambios de forma, que en contraste con la montaña rusa de los años anteriores toman otra dimensión.

El presidente Joe Biden junto a su esposa, Jill, en los jardines de la Casa Blanca. (Reuters)

El presidente Joe Biden junto a su esposa, Jill, en los jardines de la Casa Blanca. (Reuters)

Biden hizo básicamente lo que había prometido durante su campaña. Y de una forma sistemática y ordenada. No hubo anuncios subrepticios por Twitter. Cada jornada estuvo dedicada a un tema, y la agenda presidencial fue anunciada a los corresponsales el día anterior, con horarios fijos y no fue alterada.

Todos los días, el marco general de las iniciativas fue presentado por Biden en un breve discurso, luego el presidente firmó los decretos y la portavoz de la Casa Blanca despejó dudas más tarde. Si no sabia sobre un tema, quedaba en averiguar. Una rutina en cualquier gobierno normal.

A través de órdenes ejecutivas, Biden se enfocó primero en regresar el Acuerdo climático de Paris, que había sido abandonado por Trump, y luego lanzó medidas contra el avance del covid19, con el establecimiento del uso del barbijo a nivel federal, la restricción de viajes y la promesa de agilizar la vacunación con la inmunización de más de 100 millones de estadounidenses en 100 días.

Luego avanzó sobre la economía con un paquete de medidas de ayudas a los sectores más vulnerados por la crisis y avaló la iniciativa “Buy American” (compre estadounidense) para promover la industria nacional.

Joe Biden dialoga con los periodistas en los jardines de la Casa Blanca. (Bloomberg)

Joe Biden dialoga con los periodistas en los jardines de la Casa Blanca. (Bloomberg)

También hizo anuncios sobre inmigración (que incluye la suspensión de la construcción del muro) y la promoción de la justicia racial para luego enfocarse en la restauración del programa sanitario Obamacare para facilitar el acceso a la salud. Además, revirtió la prohibición del acceso de miembros de la comunidad LGTBQ a las Fuerzas Armadas.

Fueron cerca de 40 decretos firmados en los primeros diez días de gobierno, una abultada cifra que no agrada a muchos aquí. De hecho, ha emitido más órdenes ejecutivas que sus antecesores en sus inicios.

Biden dice que es porque existen urgencias para actuar en temas fundamentales como la pandemia, pero también se cuelan otros lapicerazos más bien dirigidos a minar el legado de Trump.

Esa sucesión de decretos han despertado criticas desde algunos sectores. El líder del bloque republicano en el Senado, Mitch McConnell, dijo el jueves que el uso de tantas órdenes ejecutivas va en contra de la promesa que hizo Biden de generar consensos.

Incluso dijo que “no se puede legislar mediante decretos a menos que seas un dictador‘”. El propio diario The New York Times arrancó un editorial con el título “Tómate con calma las medidas ejecutivas, Joe’”.

Ante esos reclamos, Biden replicó que su objetivo es ”revertir el daño hecho por Trump” sin necesidad de sancionar nuevas leyes, mientras simultáneamente libra una guerra contra el COVID-19.

Los asesores de Biden han dicho que los decretos no pueden reemplazar las medidas legislativas, pero el mismo tiempo defendieron el uso de este recurso. “Hay pasos, incluida la anulación de acciones dañinas e inmorales del gobierno previo, que el presidente considera que no pueden esperar” el proceso legislativo, dijo la secretaria de prensa Jen Psaki.

Más allá del fárrago de decretos y sus críticas, el clima turbulento de estos últimos años se aquietó drásticamente estos días en la Casa Blanca. Biden no suele levantarse tan temprano como lo hacía Trump, que podía estar tuiteando a las 2 de la mañana y arrancar de nuevo a las 6.

Por lo general, su agenda recién comienza a las 9 de la mañana con el tradicional briefing de sus asesores de seguridad que recibe junto a Harris. Luego sigue con otra reunion con los asesores del tema que irá a anunciar ese día, antes de almorzar con la vicepresidenta.

Por la tarde temprano suele firmar los decretos y los explica con un breve discurso. Se sabe que tiene frecuentes diálogos telefónicos con congresistas demócratas y republicanos.

Por Twitter solo postea mensajes de unidad y algunos actos de gobierno a horas razonables.

Biden se acuesta mucho más temprano que Trump. No suele mirar television hasta altas horas de la noche y a la mañana arranca no al ritmo de Fox News sino con una rutina que había sido abandonada por cuatro años: la lectura de los diarios de papel.

Volvieron las suscripciones de los diarios The New York Times y The Washington Post que habían sido canceladas.

Los fines de semana parecen estar destinados al descanso. El presidente tiene agenda desierta y solo se lo vio aparecer el domingo pasado para ir a misa con su familia y detenerse a comprar comida para llevar en el restaurante de una argentina. Es definitivamente una Casa Blanca más normal.